Diez años separan la Sinfonía Número 1 de Tippett de la Número 2 (acabada en 1956), período durante el cual el compositor adquirió una experiencia considerable escribiendo tanto música para orquesta como obras dramáticas, como por ejemplo su opera The Midsummer Marriage. (1946-52). Y fue durante este período que su destreza como compositor de música lírica alcanzó su mejor momento. La Segunda Sinfonía marca el comienzo de un cambio que resultaría decisivo para todas las obras futuras, ya que anuncia ese duro estilo armónico, los tensos métodos de construcción y la aguda orquestación tipo mosaico de su segunda ópera, King Priam (1958-61). Pero a pesar de esto, se trata de una sinfonía que sigue el ejemplo Beethoveniano clásico en su distribución en cuatro movimientos y estructura interna.
Tippett describe su origen de la siguiente manera: “El momento exacto en que nació la sinfonía fue cuando escuché una grabación de un Concierto para Cuerdas de Vivaldi en Do Mayor, mientras contemplaba el lago Lugano bajo el sol. Tuvieron efecto en mí unos arpegios martilleantes en Do Mayor, típicos de Vivaldi. Supe entonces que serían el comienzo de una nueva obra orquestal. Ya no me acuerdo de los arpegios de Vivaldi, pero cuatro martilleantes Do en el bajo son de hecho las notas con las que comienza la sinfonía - y vuelven otra vez al final de la obra. Su función no es tanto el establecer una tonalidad, sino que actúan como una especie de punto de partida y retorno”.
Si la influencia de Vivaldi fue secundaria, la de Stravinsky, en especial su Sinfonía en Tres Movimientos (1942-45) fue mucho más decisiva: las dos obras comparten una atmósfera de violencia ritualizada, contrastada con un tenue lirismo. Ambas obras hacen destacar al piano en la sonoridad orquestal.
Tippett considera el movimiento inicial como su más lograda sonata-allegro de estilo Beethoveniano, marchando con una fuerza motriz inexorable de principio a fin. Su conflicto tonal - esencialmente entre tonalidades de sostenidos y de bemoles, a la larga buscando resolución en la tonalidad “neutral” de Do Mayor - vuelve a ocurrir al final del finale.
EL movimiento lento que sigue tiene un formato de canción poco corriente, relacionado con un esquema de asociaciones instrumentales equilibrado simétricamente. Sus temas más importantes son un solo de trompeta y un dúo para violonchelos bastante ornamentado: cuando son recapitulados, estos temas pasan a los trombones y los violines, respectivamente. Siempre está presente la sonoridad del piano y el arpa, y más adelante un tema más ampliado aparece en las cuerdas. A la larga, el esquema mosaico de Tippett se quiebra y el movimiento termina con un pasaje evocador en las trompas (que han estado ausentes en este esquema de color hasta ahora).
El scherzo es uno de los experimentos más sofisticados de Tippett con ritmo aditivo - su firme idea es un juego entre ritmos largos y cortos, que alcanzan un clímax cuando esta interacción es más estrecha y brusca. El finale es una mezcla de sinfonía y ballet, y su núcleo parte de un tema en el bajo continuo que oímos tras la introducción inicial. Este movimiento sobre todo ilustra la habilidad del compositor de producir sorpresa tras sorpresa, contradiciendo cualquier impresión de estar solamente cumpliendo un mero objetivo “neo-clásico”: la obra es demasiado individual para poder ponerle esa etiqueta.